No siempre estás bien: El Mayor Mimo de todos

Desde aquí quería lo primero daros las gracias y más por los mensajes que estoy recibiendo comentándome que ya lo vais poniendo en práctica, así que me siento feliz de ver que os resulta útil y estimulante.

Dicho lo cual, quería comentaros un par de cosas que me resultan básicas añadir en cuanto a:

¿Cómo hacer el Diario de Mimos?.

 

En primer lugar, creo que olvidé deciros al comenzar con este Blog, que lo suyo sería poner en último lugar siempre antes de acabar el diario cada día o cuando lo escribáis, como mimo adicional siempre ya el solo hecho de escribir el diario en sí.

Es decir, mi última línea siempre es: “escribir en mi Diario de Mimos”. Así también me recuerdo que el acto de escribir lo que me gusta también es un mimito para mí porque no sólo lo he disfrutado en el momento de darme el gusto de los mimos en sí, sino que también luego al recordar todo para anotarlo en el diario hace que lo disfrutemos de nuevo a nivel mental con lo cual se asienta aún más en nosotras el placer por mimarnos, por prestarnos atención a nosotras mismas y así nos vamos habituando no sólo a apuntar cada vez más cositas pequeñas sino, sobre todo, a ser conscientes de ellas y, por eso, siempre cierro así mi Diario, como última anotación del día.

En segundo lugar, y creo que esto es muy importante que os lo diga, porque parece que por el hecho de tener un Diario de Mimos pensamos que los mimos son siempre cosas de fuera que nos pasan o que hacemos por nosotras, especialmente si son cosas que nos ponen alegres y nos gustan. Y sí, ese es el fin del Diario de Mimos pero no el único. Hay un mimo mayor que ningún otro y del que no solemos reparar curiosamente cuando es justamente el que más necesitamos todas.

¿De qué mimo se trata entonces?:

 

Y no es más que permitirnos también estar de “bajón” cuando así lo sentimos por el motivo que sea. Con esto quiero decir que, aunque el Diario de Mimos es genial para recordarnos y ser conscientes de todo lo que nos da energía y de apuntar cosas que nos hacen muy felices, por muy pequeñas que sean, debemos entender que nuestras emociones son cíclicas, ni siquiera se mantienen estables a lo largo del mismo día, van siempre fluctuando y aunque sea maravilloso estar felices y querer siempre estar en ese punto, hay que entender que somos seres emocionales y que igual que está genial estar en lo alto de la ola, no hay que “obligarse” a estar ahí todo el tiempo, es decir, no hay que autoexigirse estar bien si no se está bien en ese momento por cualquier motivo.

Si estamos de “bajón”, hemos de escucharnos a nosotras mismas y aceptar cada momento en el que estamos, sin autoexigirnos estar siempre de maravilla.

A lo único a lo que nos lleva el querer estar siempre alegres es a frustrarnos cuando vemos que nos da un pequeño bajón y nos enfadamos con nosotras mismas, nos frustramos y nos autoexigimos estar bien, comparándonos con otras personas y creyendo siempre que los demás están o son más felices que nosotras. En esos momentos en que lo vemos todo con las gafas negras, no hay que forzarnos a ver todo de color de rosa, porque no sería natural, no estaríamos escuchándonos realmente. En esos momentos en que estamos tristonas, a veces sin saber bien el por qué, o estamos más irascibles, o guerreras, esas veces que incluso no nos aguantamos a nosotras mismas ni a los demás y que sólo quieres estar tirada en el sofá con la mantita y aislada del mundo… ahí, justo ahí, es cuando más mimitos necesitamos de nosotras mismas… es ahí cuando hemos de ser conscientes de que no es malo estar así, que todo cambiará porque ya lo ha hecho mil veces y que en otro momento seguiremos a tope y con ganas de comernos el mundo, pero en esos momentos en que estamos más off… hay que entendernos, querernos, mimarnos más que nunca y el mayor mimo es PERMITIRNOS estar y sentir así, sin exigirnos nada, sin pensar en que ya no somos felices ni que ya nada es perfecto ni blablabla … (ya sabemos todo lo cansina que puede llegar a ser la mente y más cuando nos auto-ataca y nos machaca).

Por eso, de verdad que nos merecemos permitirnos ser nosotras mismas en el estado emocional en el que estemos, entendiendo que es ahí cuando más comprensivas hemos de ser con nosotras.

¿Cómo cuidar de tí en estos momentos?

 

Es como cuando tienes un hijo o un sobrino o quien sea, que está malito y le quieres cuidar, le llevas leche calentita, le arropas, le hablas con dulzura… de manera natural te cambia el tono al dirigirte a alguien que sabes que está pasándolo mal, sea física o anímicamente. Esto es porque nos ponemos en su lugar y nos sale el lado tierno y amoroso y ayudador. Sin embargo, a nuestra niña interior cuando está decaída o de bajón, hacemos oídos sordos, nos auto juzgamos más que nadie y nos enfadamos con nosotras mismas por estar así, cuando justamente necesitaríamos hablarnos mentalmente con más dulzura, cariño, ternura, amor que en ningún otro momento.
Siempre digo que los momentos buenos son para disfrutarlos y los malos son para re-conectar también con otra parte de nosotras que nos hace aprender alguna nueva lección y evolucionar. La vida es dual, no puede haber sólo buenos momentos, ni tampoco sólo malos momentos.

De hecho, si toda la vida fuese perfecta, maravillosa y únicamente con momentos felices, no pensaríamos que son tan felices y tan perfectos. Serían momentos “normales”, estarían en “la media” de lo que estaríamos acostumbradas y no nos sorprenderían ni lo gozaríamos ni lo más mínimo al final porque se habrían estandarizado. Por eso, tiene que haber dualidad, para entender que cuando conseguimos el equilibrio es genial, pero para saber que si hay equilibrio ha de haber desequilibrio primero. Si no, nadie notaría la diferencia!.

Dicho lo cual, es importante, incluso anotar en el Diario de Mimos, no sólo los momentos geniales, sino también anotar como mimo: “me he hablado con cariño hoy por estar de bajón y no pasa nada”; o “me he dado permiso a mí misma de no estar hoy en mi mejor momento”. Porque también en nosotras existe la dualidad como en todo. Nuestras luces y nuestras sombras, que en suma hacen el total que somos y tal y como somos es maravilloso.
De las sombras se aprende y se evoluciona y de nuestras luces disfrutamos y también lo hacen los demás. Tan sólo hay que ser consciente, darse cuenta de que todo forma parte por igual en nosotras y darnos permiso para ser como somos, sin ser nuestro mayor juez y hablarnos a nosotras mismas con el mayor de los respetos, el mayor de los cariños y la mayor de las ternuras en lugar de estar con el látigo todo el día, pensando que hay algo malo en nosotras, algo que “falla”.

Así que disfrutad mucho anotando todas las pequeñas cosas que os encanta hacer, que os meten energía a lo largo del día, esos pequeños momentos en los que sacáis tiempo de calidad para vosotras. Apuntad cada mínimo mimo porque crea vicio y al final querréis ir apuntando cada vez más y si algún día estáis más de bajón que en otros momentos, anotad también el mimo de permitiros estar tiradillas en el sofá con la manta y el paquete de kleenex porque ahí es cuando más mimines necesitaremos y es el mayor regalo que podemos darnos.

Cuando estamos bien es mucho más fácil, por eso es importante también escucharnos especialmente cuando no estamos del todo bien y ver también qué podemos aprender de lo que nos está pasando, para sacar provecho de esos momentos.

Hashtag #diariodemimos

 

Me encantaría que si vais añadiendo momentos y mimos a vuestro Diario de Mimos me etiquetéis en vuestras imágenes, fotos o stories con el hashtag #diariodemimos y así los puedo ver todos bien, que ahora también dejan seguir hashtags en Instagram! Ya si me etiquetáis (@anaaparichi) me lo autoañado a mi propio Diario de Mimos para teneros localizadas, aunque ya me vais mandando muchas cositas, desayunos, cuadernos chulos, cenas románticas, momentos de lectura, compras de flores…. en fin, que estoy encantada de que esta Comunidad vaya creciendo a este ritmo, que estoy muy sorprendida y encantada de poder contribuir de alguna manera con este granito de arena, no sólo a nuestra belleza exterior sino también a la interior, que es la más importante, en realidad.

Un besazo,

Ana Aparichi

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