Deja de salvar o ayudar a los demás…

En primer lugar, quería comentaros que estoy sorprendida de la buena acogida que está teniendo el Diario de Mimos. Esto me dice que es genial que estemos todas en este camino de mimarnos más y de re-conectar con lo que nos gusta y con quiénes somos de verdad cada una, de manera auténtica y única.

Estoy recibiendo muchos mensajes con vuestras fotos de todo tipo de vuestros diarios , con ramos de flores que os habéis auto-regalado, libretas y bolígrafos preciosos para vuestro Diario de Mimos, etc…. y de verdad que cada vez que me mandáis este tipo de imágenes mentalmente lo apunto yo en ese momento como mimo para mí, porque siento que es útil todo esto y que nos sienta genial mimarnos así que me motiva mucho para seguir.

De hecho, en mi Diario de Mimos siempre anoto como último “mimo del día” el escribir en mi Diario de Mimos , así cierro cada uno de los días, porque es otro mimo a fin de cuentas, el repasar de manera escrita todo lo que hemos ido haciendo para darnos mimitos durante ese día en concreto.

Ayer, por ejemplo, antes de acostarme y de apuntar nada, me di una ducha realmente gustosa, con un exfoliante nuevo y un jabón hidratante con olor a menta y salí de un relajado que ni yo misma me lo creía. Al salir, me puse mi albornoz blanco y era una sensación de “qué gustazo” indescriptible. Luego mis cremitas nocturnas y estaba como nueva.

Así que me doy cuenta realmente de que el Maquillaje, nos hace estar guapas por fuera, y el Diario de Mimos nos hace estar guapas por dentro, así que es genial poder complementarlos para estar radiantes.

En el primer post os decía que a pesar de que su nombre sea pequeño o tierno o parezca insignificante, es muy poderoso como herramienta. Contiene mucha fuerza en su interior, porque de manera inconsciente estamos haciendo algo que es tan valioso que no somos conscientes realmente, y no es más que estamos escuchándonos y respetándonos a nosotras mismas.

Siempre he creído que faltar a los demás al respeto es algo horrible, es de las cosas que más me duelen en el mundo cuando veo que alguien falta el respeto a otra persona, especialmente si está indefensa o es vulnerable. Y me di cuenta de que para conseguir una sociedad en la que el respeto de verdad se extienda no puede más que empezar por uno mismo. Si una persona no se respeta en primer lugar a sí misma, no podrá enseñar respeto a nada ni a nadie ni mostrar verdadero respeto real hacia la vida.
Por eso, el hecho de mimarnos va más allá de algo superficial, va directo a alegrar a nuestra niña interior, a escucharnos y a respetarnos a nosotras mismas. Es un pequeño granito de arena pero si lo vamos sumando granito a granito al final se crea una montaña.

Y, muchas veces, hablando sobre el tema “respeto”, hay algo que solemos hacer mucho en general con la mejor intención del mundo y es ese afán de “voluntarismo” o de sentir que tenemos que “ayudar” al prójimo, aunque no nos soliciten la ayuda. Y es curioso, porque al final a quien menos ayudamos es a nosotras mismas (de ahí el Diario de Mimos). Sentimos que tenemos que ayudar siempre, porque queremos a las personas y a veces no nos damos cuenta de que no necesitan o no quieren la ayuda que les ofrecemos o tal y como la ofrecemos.

Este ejemplo que os voy a contar lo muestra. Es una tontería pero pasó de verdad y ahí empecé a darme cuenta de esto también, porque es algo que tratamos de hacer siempre con la mejor de nuestras intenciones y además, nos ofendemos cuando no nos lo agradecen:

Estaba mi hijo de 6 años tratando un día de abrir la terraza (la puerta está muy dura y cuesta abrirla), así que llegó su padre con la mejor intención del mundo, se acercó a él y sin decir nada, abrió la terraza y le dijo: ya está, cariño!. Total, mi hijo se puso a llorar muy triste porque lo quería haber conseguido él solo y no había pedido ayuda y aún así habíamos ido a “solucionarle” su problema sin pedirlo. Dijo mientras lloraba:
-no te había pedido ayuda! Lo quería hacer yo solo!…
Estuvo un buen rato parado llorando y de hecho su padre se enfadó y dijo:
-encima que lo he hecho para ayudarte!. Y le cerró de nuevo la terraza enfadado.

Todo este ejemplo tan aparentemente tonto, me hizo reflexionar mucho. Y me di cuenta de que es algo común a todos. El sentir que debemos ayudar, aunque no nos lo pidan, porque creemos que es lo mejor para el otro. Culpa también nuestra, por otro lado, porque nos cuesta pedir ayuda cuando realmente la necesitamos, así que si vemos que alguien “necesita nuestra ayuda” aunque no nos lo pida allá vamos cual salvadoras… alguna vez seguro que acertamos y a la persona le viene genial nuestra ayuda, pero otras muchas nos equivocamos, la persona nos contesta mal y encima nos sentimos dolidos y atacados con la siguiente sensación de: “vaya desagradecidos”… “encima de que lo he hecho por ellos”… cuando nadie te había pedido esta ayuda.

Y es curioso, lo dispuestas (hablo en femenino porque sois casi todo mujeres por aquí) que estamos a ayudar siempre que podemos o creemos que nos necesitan, y lo poco que nos ayudamos a nosotras mismas y lo poco que nos escuchamos y lo desagradecidas que somos, pero con nosotras mismas. Si toda esa energía que dedicamos a ayudar a otros (sin que nos lo pidan ni lo necesiten realmente) la utilizáramos para entender qué necesitamos nosotras mismas de verdad, nos escucháramos y nos respetáramos más a nosotras podríamos no invadir el espacio ni faltar al respeto a otra persona pensando que somos imprescindibles para ellos y que nos necesitan.

Al final todo esto se trata de que vivimos más pensando en lo de fuera que en lo de dentro y como os decía anteriormente, al final nos vamos perdiendo por el camino y no nos damos permiso a nosotras para disfrutar de lo que nos gusta, mimarnos, ayudarnos a nosotras mismas y respetarnos las primeras de la lista a nosotras.

Sólo así ayudaremos de verdad a los demás, a través de nuestro propio ejemplo… o no… porque cada uno al final tiene su propio proceso y no todo el mundo necesita salvadores.. y en caso de ser así, no quiere decir que seamos nosotros los “elegidos” por ellos para salvarlos.
Y es genial toda esa bondad para querer ayudar a otros, que conste. Es maravilloso y nos hace sentirnos excelentes personas, pero a veces la sensación al ofrecer ayuda sin que nadie te la pida dando consejos o haciendo críticas de las que llamamos “constructivas” en aras de que “mejore” el otro porque le queremos y lo hacemos “por él” o por “su bien” es una mala idea y muchas veces deberíamos mirar la viga en el ojo propio, básicamente.

Por eso, cada día estoy más convencida de lo bueno que es seguir el Diario de Mimos, porque eso sí que sentiremos que lo hacemos por nosotras y no por nadie y no hay mayor regalo que podamos hacernos. Nos merecemos todos los mimos del mundo, nos merecemos descubrir qué nos gusta que aún ni sabíamos y disfrutar de lo que siempre nos ha gustado desde que éramos pequeñas.

Dejemos de mirar tanto fuera y de “salvar” a los demás, y disfrutemos del camino de dar entrada en nuestra vida a cosas que de verdad nos llenan de energía. Ya sabéis que no me refiero a grandes logros, que también, sino a pequeñas cosas, tan tan pequeñitas que apenas parece que suman pero lo hacen, y no imagináis cuánto. Y de nuevo, no es ser egoísta para nada, sino de entender que si estamos bien, nos daremos mucho mejor después a los demás y estaremos más felices y esto se irradiará y todo cambiará en nuestro entorno.

Un besazo,

Ana Aparichi

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